
Llega un momento en que no sabemos ya reaccionar. Sentimos que nuestra vida está vacía. Y nos engañamos viviendo en movimiento continuo, buscando mil ocupaciones y actividades nuevas… Podemos gastar la vida entera «haciendo cosas» pero sin descubrir en ella nada que de verdad merezca la pena.
Tampoco la religión logra a veces despertar nuestra vida. Se puede practicar una «religión dormida» que da tranquilidad pero no vida. Vivimos tan ocupados en nuestros trabajos y desdichas que jamás tenemos un momento libre en el que podamos sentir qué es amar y compartir, qué es ser amables y solidarias.
Y sin vivir nada de esto, ¡queremos saber algo de Dios, tenerle de nuestro lado! Jesús nos dice: «despertad, vivid atentos y vigilantes pues se os puede pasar la vida sin enteraros de nada». No solemos escuchar a quien nos dice algo contrario a lo que pensamos. Y hoy pensamos que somos inteligentes y lúcidos, despiertos.
Para despertar es necesario conocernos mejor. Despertar es darnos cuenta de que vivimos dormidos. Lo importante para vivir despiertos es caminar más despacio, buscar el silencio y estar más atentos. Pero lo decisivo es vivir amando. Sólo quien ama vive intensamente, está despierto.
Para despertar de una «religión dormida» sólo hay un camino: buscar más allá de los ritos y las creencias.
No hay comentarios:
Publicar un comentario